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Resiliencia por diseño: gestionar el agua en tiempos de incertidumbre

Los sistemas hídricos no están fallando por falta de información. Están fallando porque fueron diseñados para un mundo que ya no existe.

En regiones como Guanajuato, la extracción de agua ya supera su recarga natural. La presión sobre los acuíferos es constante y creciente. En este contexto, la pregunta ya no es si la escasez se intensificará, sino qué tan preparados estamos para operar bajo ese escenario.

Frente a este desafío, una colaboración entre la Universidad de Massachusetts Amherst, Cauce Bajío, la Comisión Estatal del Agua de Guanajuato (CEAG) y la Universidad de Guanajuato está impulsando un cambio de enfoque: dejar de planear para un futuro predecible y comenzar a diseñar sistemas capaces de funcionar en condiciones de incertidumbre.

Durante décadas, la gestión del agua se ha construido sobre promedios históricos y supuestos de estabilidad. Bajo esa lógica, se diseñaron infraestructuras, políticas públicas y modelos de asignación del recurso. Sin embargo, el cambio climático, el crecimiento de la demanda y la degradación de los sistemas han modificado profundamente esas condiciones. Hoy, los promedios ya no representan el futuro.

Más que operar en un entorno de riesgo donde las probabilidades son conocidas, nos encontramos en un escenario de profunda incertidumbre, donde los cambios pueden ser abruptos y difíciles de anticipar. En este contexto, optimizar para un solo escenario deja de ser eficiente y se convierte en una fuente de vulnerabilidad.

Es aquí donde emerge el concepto de resiliencia por diseño. Lejos de entender la resiliencia únicamente como capacidad de recuperación, este enfoque la plantea como un principio estructural: diseñar sistemas que puedan absorber impactos, adaptarse a nuevas condiciones y transformarse cuando los límites del entorno lo exigen. No se trata de anticipar exactamente qué ocurrirá, sino de asegurar que el sistema pueda sostenerse frente a distintos futuros posibles.

Para lograrlo, es indispensable entender con mayor precisión cómo se utiliza el agua, particularmente en el sector que concentra la mayor demanda: la agricultura. A pesar de su relevancia, en muchos territorios aún persisten vacíos importantes de información sobre qué se cultiva, cuánta agua se utiliza y de dónde proviene. Sin esta claridad, la gestión hídrica tiende a ser reactiva y fragmentada.

Uno de los avances más relevantes de este esfuerzo es el desarrollo de una Metodología de Inferencia de Riego y Cultivo, que permite observar el territorio con un nivel de detalle sin precedentes.

A través de imágenes satelitales de alta resolución, es posible identificar parcelas agrícolas, diferenciar tipos de cultivo según su demanda hídrica y detectar sus fuentes de riego. Este cambio no es menor: implica pasar de estimaciones generales a información precisa para la toma de decisiones.

Sobre esta base se construyó el Guanajuato Water System Model (GWSM), un modelo integral que permite simular distintos escenarios y someter al sistema hídrico a pruebas de estrés. Este modelo integra, por un lado, el Modelo Hidrológico LHEA, desarrollado en la Universidad de Guanajuato, que representa el comportamiento del ciclo del agua desde la precipitación hasta la recarga de acuíferos. Por otro, incorpora Pywr, una herramienta que optimiza la asignación del recurso bajo criterios de eficiencia y sostenibilidad.

La combinación de estos elementos permite no solo entender el estado actual del sistema, sino explorar cómo respondería ante distintos futuros posibles. En otras palabras, permite anticipar vulnerabilidades antes de que se conviertan en crisis.

El objetivo, sin embargo, no es generar más información, sino traducir ese conocimiento en decisiones.

A partir de este trabajo, el objetivo no es solo generar información, sino traducirla en decisiones concretas. Se busca construir un portafolio de acciones orientado a fortalecer la seguridad hídrica del estado, integrando eficiencia en el uso agrícola, planeación a escala de cuenca, fortalecimiento de la gobernanza y esquemas de inversión estratégica. En el fondo, se trata de algo más profundo: tomar decisiones informadas en contextos donde la certeza ya no es una garantía.

La resiliencia no se construye con intervenciones aisladas, sino mediante un diseño sistémico que articule actores, información y decisiones en una misma dirección.

Bajo esta lógica, la escasez de agua deja de ser un riesgo futuro y se reconoce como una condición presente que ya está moldeando el desarrollo del territorio. La diferencia entre las regiones que logren adaptarse y aquellas que enfrenten crisis más severas no estará determinada únicamente por la tecnología que adopten, sino por su capacidad para anticiparse, coordinarse y rediseñar sus sistemas desde hoy.

Porque en un entorno de incertidumbre creciente, el verdadero riesgo no es no poder predecir el futuro, sino seguir tomando decisiones como si fuera predecible.

El futuro del agua no se espera. No se administra con inercias del pasado. Se diseña.

Sobre el autor

Jesús Zárate Pérez es candidato a Doctor en Ciencias y Tecnología del Agua por la Universidad de Guanajuato. Su investigación es dirigida por el Dr. Jesús Horacio Hernández Anguiano desde el Laboratorio de Hidrología Experimental y Aplicada (LHEA), en coordinación con Oscar Adrián Leal Nares, director general de Cauce Bajío.

 

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